Convocatoria abierta

ZARCH solicita el envío de artículos para ser publicados siguiendo el procedimiento de evaluación externa conocido como Peer Review, descrito en esta página, y que atiendan a la convocatoria en curso.

 

Número 12: "El aprendizaje de la arquitectura"

Fecha límite de recepción de artículos: 10 de diciembre de 2018
Publicación del número: junio de 2019

Texto de la convocatoria:

Desde un punto de vista general, los procesos de aprendizaje y enseñanza de la arquitectura no difieren respecto de otras profesiones y disciplinas. Como en cualquier dinámica pedagógica, el aprendizaje se produce básicamente en dos etapas: la percepción y la comprensión. Durante la primera captamos una determinada idea, fenómeno o realidad. La segunda engloba todos los mecanismos por los cuales no sólo captamos una cierta información, sino que la asimilamos, retenemos y somos capaces de aplicarla en nuevas circunstancias y bajo premisas diferentes; esto es, somos capaces de ser creativos. A su vez, la percepción puede producirse a través de experiencias o mediante conceptos abstractos –sentir versus pensar–; la comprensión, a través de una acción práctica o reflexionando sobre ello –actuar versus reflexionar–. Los contenidos curriculares de cualquiera de los Planes de Estudio que conducen al título de Arquitecto contemplan multitud de actividades formativas y metodologías docentes que responden precisamente a estos procedimientos, con independencia de la materia concreta.

No obstante, cabe preguntarse si enseñar y aprender son actividades equiparables. Quien enseña sigue un modelo sistemático de actuación, que se elabora anticipadamente para dirigir y encauzar el aprendizaje de conocimientos y habilidades. Sin embargo, quien aprende lo hace tanto de manera explícita como tácita. Aprende del qué –contenidos– pero también del cómo –actitudes–. Escoge, valora y relaciona de manera inesperada e incluso casual. En todo proceso de aprendizaje, por tanto, se conjugan lo estratégico con lo caprichoso, lo razonable con lo autobiográfico. En consecuencia, en las escuelas estas dos actividades, aprender y enseñar, deberían estar presentes y coexistir de manera que quien quiera enseñar aproveche el impulso y las ganas de quién quiere aprender y viceversa. Por eso, todas las asignaturas, pero especialmente los talleres de arquitectura y urbanismo, deberían ser espacios de cooperación. Deberían obedecer a una labor colectiva, en la cual el profesor orienta, resuelve dudas y abre horizontes. Pero son los y las estudiantes quienes llevan la iniciativa y proponen soluciones para someterse a discusión. Se persigue así un aprendizaje integrador, transversal y cooperativo, en el cual los y las estudiantes asumen un papel activo, tanto en la búsqueda de respuestas como en la producción de conocimientos.

De cualquier forma, no es óbice advertir que, en el campo concreto de la Arquitectura y el Urbanismo, su naturaleza multidisciplinar y las altas atribuciones profesionales –y responsabilidades penales– de los profesionales generalistas que la ejercen comportan una mayor complejidad de los entornos de aprendizaje. Como ha apuntado la profesora e historiadora norteamericana Joan Ockman, las escuelas de arquitectura están experimentando una gran transformación desde principios del siglo XXI. La globalización, la tecnología digital, el papel social y político de los arquitectos, la responsabilidad ambiental, y una economía educativa cada vez más impulsada por el mercado se encuentran entre las vigorosas fuerzas que transforman las escuelas. Las preguntas provocadas por la urbanización global, la inestabilidad económica y la creciente conciencia de la crisis ambiental han estimulado el replanteamiento de las metodologías de diseño y el potencial del trabajo multidisciplinar y colaborativo. Proyectos de investigación como Spatial Agency, de los profesores y arquitectos Jeremy Till y Tatjana Schneider, han puesto precisamente de manifiesto las múltiples y experimentales formas colectivas de practicar la profesión, actuales y pasadas, profesionales y/o académicas. Precisamente, tres de los conceptos más utilizados por los participantes del pabellón español de la Bienal de Venecia de 2018 –comisariado por Atxu Amann–, dedicado a los nuevos entornos de aprendizaje, son: experimental, social y colaborativo.

Es por todo ello que para la Unión Internacional de Arquitectos (UIA-UNESCO) la educación del arquitecto constituye uno de los mayores desafíos para el entorno construido y su equilibrio medioambiental, patrimonial y cultural. Las universidades y centros de formación tienen la responsabilidad de mejorar la formación teórica y práctica de los futuros profesionales para que les permita cumplir con las expectativas de las sociedades del siglo XXI. Por ello, los métodos de formación y aprendizaje deben ser variados, de modo que potencien la riqueza cultural y permitan flexibilizar los planes de estudio para responder a las demandas y requisitos de los clientes, los usuarios, la industria de la construcción y la profesión, manteniéndose alerta sobre las motivaciones políticas y financieras que originan estos cambios. Es por eso que conviene promover el debate, la reflexión y la investigación de estos asuntos entre los más variados entornos educativos, tanto los académicos como los profesionales, tanto los disciplinares como aquellos que se sitúan en la periferia de la formación.

En este contexto, se trata de proveer a los estudiantes de los conocimientos, instrumentos y habilidades necesarias para ejercer la profesión, en sus múltiples y variadas derivadas, más allá del arquitecto proyectista o constructor. Se trata también de encontrar una didáctica que explicite y acote los problemas y potencialidades arquitectónicas y urbanas. Se persigue de este modo un ejercicio de la profesión capaz de referirse a sus raíces disciplinares y formas propias; pero también con capacidad para transformar la sociedad y mejorar colectivamente nuestro entorno habitado. De este modo, es necesario conjugar las múltiples disciplinas artísticas y científicas que confluyen en la ideación y construcción del medio físico, en todas sus escalas: desde el territorio y el paisaje, hasta las ciudades, los edificios y todos los elementos que configuran el espacio íntimo de nuestros hogares.

El presente número de la revista ZARCH pretende ahondar en estas y otras reflexiones sobre la pedagogía de la arquitectura, aprovechando la celebración de las sextas Jornadas de Innovación Docente JIDA en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza, en un momento en el cual se cumplen 10 años de la instauración de los estudios de Arquitectura. Al mismo tiempo, se cumplen 50 años del “mayo del 68”, motor de los importantes cambios en las estructuras universitarias de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Con motivo de ambas efemérides, las jornadas JIDA abordan la docencia en los centros emergentes españoles, y a ello se suma este monográfico desde una óptica más global de la educación del arquitecto. Se pretenden reunir investigaciones que indaguen en el cambiante rol del arquitecto y sus implicaciones docentes. Que se planteen la relevancia y la presencia que tienen aún hoy día las grandes tradiciones docentes que emergieron de la dicotomía Beaux-Arts – Bauhaus, y que encontraron en las prácticas radicales y activistas de la década de 1960 su máxima contraposición, como en los últimos años ha mostrado el proyecto Radical Pedagogies, de Beatriz Colomina. Y, finalmente, que incluyan en estas y otras cuestiones el rol actual de profesores y estudiantes, y las dinámicas dentro y fuera del aula en la didáctica de la arquitectura.

Con todo ello se desean aportar nuevos puntos de vista a cuestiones que tienen que ver tanto con el futuro próximo de la profesión, como con la manera en la cual se formarán –y autoformarán– los futuros arquitectos. Como ha apuntado el profesor y antiguo decano de Columbia (GSAPP) Mark Wigley: “una buena escuela fomenta una forma de pensar que se basa en todo lo que se conoce para saltar con energía hacia lo desconocido”. En un mismo sentido se ha pronunciado Josep Quetglas, al afirmar que: “la enseñanza debe ser inactual: enseñando una profesión tal como ya no se ejerce, y enseñándola tal como aún no se ejerce. Ese es el precio para conseguir que los profesionales así formados sean capaces de adecuarse y definir su papel frente a cualquier circunstancia, por cambiante e inesperada que sea”. La enseñanza, por tanto, debe ser extemporánea y vanguardista al mismo tiempo. No debe adiestrar, sino formar. No persigue informar, sino ampliar el conocimiento y preparar intelectual, moral y profesionalmente. El mercado exige rentabilidad inmediata, aplicabilidad y eficacia; la docencia, paciencia, y grandes dosis de utopía para, desde ellas, tratar de responder a esas exigencias.

 

Berta Bardí i Milà, Daniel García-Escudero, Carlos Labarta

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