Convocatoria abierta

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Número 17: "Naturalezas domésticas"

Fecha límite de recepción de artículos: 15 de mayo de 2021
Publicación del número: diciembre de 2021

Texto de la convocatoria:

Dice el filósofo Romano Guardini que el hombre se hizo moderno cuando viajó mentalmente fuera del mundo para verse frente a él. Fue en este viaje donde el hombre convirtió a la naturaleza más primitiva de la que había formado parte, en una naturaleza empírica y racionalizada: una naturaleza no-natural que él mismo podía obrar y habitar. 

A finales del siglo XIX exploradores, geógrafos y naturalistas europeos se embarcaron en innumerables viajes a lejanas regiones, en búsqueda de aquella naturaleza primitiva que la Ilustración había abandonado. Una naturaleza a la que antaño se había pertenecido, pero de la que inevitablemente se había distanciado a hombros de una próspera razón. 

Aquella naturaleza lejana se convirtió en el anhelo de un viaje a lugares indómitos. Su descubrimiento se dibujaba desde la distancia de una ciencia que la observaba y clasificaba como algo lejano y distante a nuestras vidas. Su contemplación hacía del lugar una escena destinada a ser habitada por el tiempo de un viaje, de una visita. Friedrich Georg Weitsch nos da fe de ello en la pequeña choza de estructura de madera y cubiertas de tela, que Humboldt y sus acompañantes construyeron a los pies del Chimborazo. La casa y su naturaleza se habita como el sueño de un lugar de pasado lejano. Una lejanía que promueve la emoción de lograr aquella naturaleza original, a la postre, un lugar primitivo e imaginado. 

Un siglo después, fueron los arquitectos europeos de la modernidad los que confiaron en la ciencia y sus avances tecnológicos como el medio doméstico para lograr otra nueva naturaleza, una naturaleza higiénica. Si Le Corbusier nos propuso la casa como refugio y observación de un mundo que sólo la arquitectura y sus avances tecnológicos podían hacer saludable; Mies hizo de la casa un plano capaz de sobrevolar el claro de un bosque tan visible como lejano al tiempo de su estructura.

Una nueva forma de habitar y una nueva naturaleza se anudaron a la luz de los últimos avances de la ciencia. El interior de la casa moderna resultó ser la patria de una renovada intimidad y su exterior devenía en aquella naturaleza no-natural, una naturaleza ahora de garantías sanitarias. El hombre moderno alejado de cualquier naturalidad dejó de habitar la exterioridad de una vida en la naturaleza. 

Esta falta de habitación más allá de los límites de la casa moderna ha empujado al hombre contemporáneo a un nueva mudanza doméstica, un viaje en el que descubrir la naturaleza como patria de una ansiada exterioridad. Un viaje para alcanzar una nueva naturaleza doméstica, una naturaleza convertida en habitación de una nueva intimidad pública. El ser del hombre contemporáneo, dice José Luis Pardo, es un ser en público. Y es aquí donde este nuevo hombre y mujer, hastiados de aquella razón y su venerado empirismo, vuelven a mirar aquella naturaleza primitiva a la que pertenecieron y que ahora pretenden hacer habitación de sus vidas.

El comienzo de este siglo XXI anuncia entonces nuevas mudanzas domésticas. Mudanzas para las que los arquitectos como Junya Ishigami, han rescatado de aquellas exploraciones europeas los dibujos y relatos de sus naturalezas lejanas; naturalezas que ahora deciden lograr como morada de un nuevo habitar. La buena casa es ahora esa que da habitación a una deseada exterioridad, esa que hace de la naturaleza la patria de su ser en público.

Para este viaje parece necesario la identificación de todas estas naturalezas domésticas -primitivas, no-naturales, higiénicas, imaginadas…- que abonan la posibilidad de una nueva casa y un nuevo habitar. Un habitar que pretende superar a esa primera ciencia cuya razón había fragmentado el mundo en trocitos de pequeñas verdades, para abrazar otra ciencia que dice de un mundo y una naturaleza a la que pertenecemos y en la que podemos lograr nuestro propio edén doméstico. Una pertenencia que parece poder resolver viejos agravios materiales y energéticos hacia la propia naturaleza.

Nos proponemos pues, construir un diario de viajes domésticos a las naturalezas habitadas y a todas aquellas que ya se anuncian. Un compendio de proyectos de viviendas, pequeñas y grandes, individuales y colectivas, que pretendieron y pretenden hacer de la naturaleza lugar y habitación. Un diario de viajes a nuevas y viejas naturalezas domésticas.

 

Javier Pérez Herreras, Jorge Torres Cueco
 
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