Convocatorias anteriores

 

Número 14: "Cartografías del límite"

(Publicacion prevista junio de 2020)

Texto de la convocatoria:

Con la publicación del número 14 de ZARCH, Cartografías del límite, se pretende contribuir a enriquecer las definiciones más convencionales de límites y bordes –entendidos como lugares de transición y separación que conectan espacios o entornos bien definidos– para ofrecer una lectura más profunda de su significado, acorde a la complejidad del mundo actual. El concepto de límite es, indudablemente, demasiado amplio, y puede sugerir reflexiones que tienen que ver con aspectos culturales, teóricos, disciplinares o metafóricos. Sin embargo, con el fin de acotar el ámbito de estudio, esta convocatoria se dirige a aquellos investigadores que exploran fundamentalmente cuestiones relacionadas con la naturaleza espacial del concepto de límite.

Por un lado, a escala urbana y territorial, resulta de gran interés estudiar las periferias y las áreas periurbanas como lugares de interacción dinámica. En las últimas décadas se ha intensificado el debate sobre los vacíos urbanos y espacios indefinidos, menos frecuentes cuando las ciudades crecían de forma más compacta. Aunque estos procesos se producen también en áreas centrales de las ciudades, es en los límites entre lo urbano y los entornos rurales o naturales donde estas situaciones son más comunes. Vacíos urbanos, espacios intersticiales, espacios sin uso, solares vacíos, paisajes residuales, paisajes intermedios, espacios en espera, terrain vague… son lugares de indudable interés, sin límites claros, que constituyen la herencia de la ciudad contemporánea y resultan coherentes con la esencia de ésta: compleja, en permanente evolución, fragmentaria y, a la vez, continua[1]. Los nuevos paisajes de las áreas suburbanas, definidos en forma de centros comerciales, viviendas, lugares de trabajo y de ocio, infraestructuras o autovías están continuamente generando vacíos o espacios intermedios, en los que reflexionar el concepto de límite resulta más que pertinente. Georges Perec advierte sobre los peligros que entraña pretender encontrar demasiado deprisa una definición de ciudad. Entre los pasos que propone dar para esbozarla, menciona la necesidad de distinguir “entre lo que es la ciudad y lo que no es la ciudad”, reconociendo que “las afueras tienen una fuerte tendencia a dejar de ser las afueras.”[2] A las sugerentes consideraciones de Perec sobre la dificultad de establecer los límites de la ciudad podríamos añadir que, hoy en día, la ciudad contemporánea no sólo se define por su centro, como ha ocurrido tradicionalmente, sino también, y muy especialmente, por lo que ocurre en sus límites.

Por otro lado, a una escala más baja, no resulta difícil comprobar cómo diferentes culturas han explorado el enorme potencial que encierra el límite para la arquitectura.  La transición entre el dentro y el fuera ofrece episodios de particular calidad, como son, por ejemplo, las sofisticadas versiones de espacios-umbrales en el hisashi japonés o en el patio mediterráneo. Umbrales, filtros, galerías, logias, zaguanes, jardines, espacios intermedios, espacios de transición, etc., no hacen sino concentrar el valor de la arquitectura en los límites. Pero hay otras muchas maneras de entender el límite en la arquitectura: el límite como interfaz, los límites porosos, los límites difusos… En la arquitectura occidental, la modernidad diluyó el límite entre el ‘dentro’ y el ‘fuera’, reduciéndolo a una fina piel atectónica o a una membrana transparente. Por su parte, los arquitectos del Team 10 hicieron de la idea de umbral, a todas las escalas, una de sus principales líneas de investigación. Mediante espacios deliberadamente indeterminados y ambiguos, bautizados como ‘in-between’, se propusieron explorar la complejidad y riqueza de las situaciones intermedias entre el interior y el exterior, entre lo público y lo privado, entre lo natural y lo artificial, entre la casa y la ciudad. En este sentido, sirva de referencia el trabajo de arquitectos como Jaap Bakema, que han rastreado el potencial que los límites –los espacios de transición, los umbrales– tienen para conformar la relación entre el individuo y la ciudad, entre “el espacio público (urbano) y el privado (arquitectónico)”[3].

En este número se espera recibir contribuciones que, desde distintos enfoques, de los más concretos a los más globales o interdisciplinares, enriquezcan el debate aportando información sobre trabajos de investigación, iniciativas de carácter institucional, casos de estudio, etc., que profundicen en el concepto de límite espacial (arquitectónico, urbano o territorial). Más allá de las descripciones tradicionales de borde, frontera, linde, margen, etc., que se encuentran vinculadas a la acepción física del concepto de límite, este número brinda la oportunidad de poner en valor, con una perspectiva internacional, el límite como lugar en el que diferentes situaciones se encuentran, en el que se desafían las normas y cuya identidad se cuestiona, donde ciertas condiciones predeterminadas –físicas, normativas o funcionales– dan lugar a situaciones urbanas y/o arquitectónicas complejas, a veces incluso contradictorias. A su vez, otras lecturas pueden explorar la condición del límite como espacio de oportunidad, por ejemplo en áreas que peligran por su especial fragilidad, como es el caso de las periferias ‘rururbanas’, que se están transformando como resultado de la evolución de las prácticas agrícolas y que se encuentran amenazadas desde múltiples lógicas sectoriales, con grave riesgo de deterioro y pérdida de su identidad productiva y cultural. Espacios que muestran lo que la ciudad ya no es y lo que todavía no ha llegado a ser, donde encuentran acomodo aquellas actividades que la ciudad consolidada rechaza y que la ciudad contemporánea demanda.

Interesa en este número recibir también trabajos que utilicen la cartografía como herramienta de investigación operativa, no sólo de comunicación, sino de análisis y proyecto. La representación del límite requiere un esfuerzo de conceptualización e interpretación que va más allá de las cuestiones exclusivamente gráficas. En especial, la ciudad contemporánea ya no se reconoce sólo por su representación en un plano de planta, sino que necesita de complementarios e innovadores diagramas y notaciones para identificar elementos, procesos y relaciones entre áreas y sus límites que están en continua evolución[4].

Animamos pues con esta convocatoria a reflexionar sobre el concepto espacial de límite, convencidos de que, como decía Walter Benjamin, “En ningún sitio, a no ser en los sueños, se experimenta todavía del modo más primigenio el fenómeno del límite como en las ciudades”[5].

 

Raimundo Bambó, Carmen Díez Medina

 


[1] Javier Monclús y Carmen Díez Medina, “Vacíos urbanos”, en Visiones urbanas. De la cultura del plan al urbanismo paisajístico, eds. Carmen Díez Medina y Javier Monclús, (Madrid: Abada, 2017), 208-215.

[2] Georges Perec, Especies de espacios, (Mataró (Barcelona): Montesinos, 1999), 97.

[3] Jaap Bakema, Van stoel tot stad, een verhaal over mensen en ruimte (Zeist / Amberes: W. de Haan / Standaard Boekhandel, 1964), 3.

[4] Raimundo Bambó, Miriam García, “Mapping Urbanism, Urban Mapping”, en Visiones urbanas. De la cultura del plan al urbanismo paisajístico, eds. Carmen Díez Medina y Javier Monclús, (Madrid: Abada, 2017), 200-207.

[5] Walter Benjamin, El libro de los pasajes (Madrid: Akal, 2005), 115.

 

Número 13: "las huellas de lo efímero"

Publicado en diciembre de 2019

Texto de la convocatoria:

«La Modernidad significa lo efímero, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte en que la otra mitad es lo eterno y lo inmutable».

Charles Baudelaire

“La modernidad”, en El pintor de la vida moderna (1863)

En su presentación de la modernidad, Baudelaire concibe la belleza imperecedera asociada a los monumentos en paralelo a la belleza efímera de la ciudad de la era industrial. A pesar del tiempo transcurrido, y aunque la arquitectura efímera siempre ha acompañado a la duradera y ‘permanente’, lo cierto es que en la historiografía arquitectónica y urbanística convencional todavía no se presta una atención suficiente a la primera, relegándola a una posición menor.

Sin embargo, tanto en el campo de la arquitectura como en el del urbanismo o de los estudios culturales, se están desarrollando importantes investigaciones sobre la naturaleza, el papel y las trazas de lo efímero. Obviamente, no nos referimos tan sólo a las huellas ‘físicas’ de las construcciones temporales sino también a los legados intangibles que permanecen en el paisaje cultural y en el imaginario de nuestra sociedad, nuestra arquitectura y nuestras ciudades.

Una de las aspiraciones tradicionales de la arquitectura y el urbanismo es la de la intemporalidad, la permanencia, la obsesión por la eternidad (Aaron Betsky). Pero también es cierto que la buena arquitectura, tanto la culta como la popular, es aquella que ha sabido adaptarse a su tiempo, comprender lo que en alemán se define como Zeitgeist, el ‘espíritu del tiempo’. Las arquitecturas efímeras siempre han sido un reflejo de su contexto histórico: desde la Antigüedad, pasando por el Barroco o la Modernidad, hasta la actualidad. Se ha escrito mucho sobre la arquitectura ‘ocasional’ asociada a celebraciones públicas, actos religiosos, escenografías políticas o cinematográficas, festivales, mercados temporales, viviendas nómadas, arquitectura de emergencia en el contexto de las catástrofes naturales o los conflictos bélicos, etc. Pero el campo de lo efímero va más allá, sobre todo cuando se asiste a la proliferación de las arquitecturas provisionales, desde las asociadas a los grandes eventos de la era de la modernidad -como los Juegos Olímpicos, las Exposiciones Internacionales o los campeonatos de fútbol- hasta las que tienen que ver con las capitales culturales (John Gold). Por otro lado, muchas de esas arquitecturas pueden convertirse en permanentes, aunque a veces no es fácil distinguir entre las que fueron proyectadas como contenedores efímeros y las concebidas con voluntad de permanencia. En cierto modo, la diferencia entre estructuras temporales y permanentes es, cada vez más, sólo una cuestión de tiempo (Robert Kronenburg). Por todo ello, parece razonable preguntarse por la naturaleza y calidad de lo efímero en la historia, en la actualidad y, por qué no, en el futuro de nuestras ciudades.

Es un lugar común oponer la arquitectura de la ‘ciudad ordinaria’ (duradera) a la de la ‘ciudad extraordinaria’ (efímera) que se manifiesta con los grandes o pequeños eventos. Pero también se puede argumentar que precisamente es lo que ocurre en esa ciudad de los momentos excepcionales lo que hace que la vida urbana sea vital (Schuster). Celebraciones o eventos de todo tipo permiten experimentar otras formas de arquitectura y urbanismo que, a menudo, se convierten en paradigmas de cada momento histórico y cultural, como es el caso de los Serpentine Pavilions en Londres.

Algunas de las mejores muestras de arquitectura y urbanismo han ido asociadas a eventos temporales. Los Juegos Olímpicos y las Exposiciones Internacionales son seguramente los más conocidos. No son pocos los pabellones de exposición que se han convertido en piezas clave de la historia de la arquitectura, como el Pabellón de Cristal de Bruno Taut en Colonia (1914), el de L’Esprit Nouveau de Le Corbusier en París (1925) o el de Alemania en Barcelona de Mies van der Rohe (1929), pasando por el Patio & Pavilion de Alison y Peter Smithson (1956), el Pabellón Philips de Le Corbusier en Bruselas (1958) o el Pabellón de España en Nueva York de Javier Carvajal (1964), hasta llegar a los más recientes, como el de Portugal en Lisboa de Álvaro Siza (1998), el de Suiza en Hannover de Peter Zumthor (2000) o el Blur Building en Neuchâtel de Diller & Scofidio (2002), por citar sólo algunos.

Los pabellones de exposición poseen unas características muy singulares que les permiten tornar su aparente fragilidad en fortaleza. Su carácter efímero, su gran libertad programática y su origen en concursos de arquitectura son oportunidades que favorecen su entendimiento como verdaderos laboratorios arquitectónicos y urbanos. Por otro lado, muchos de esos eventos responden a estrategias para impulsar y catalizar operaciones de gran calado en las ciudades que los acogen. El impacto de los proyectos vinculados a eventos olímpicos y exposiciones internacionales está demostrado. No se entienden las transformaciones urbanas de París sin tener en cuenta el impacto de sus sucesivas exposiciones, así como el que tuvieron en la consolidación de los focos culturales de Londres, la apertura al mar de Barcelona del 92 o las mutaciones asociadas a la Exposición de Sevilla ese mismo año, en Lisboa 1998 o en Zaragoza 2008 (Expo Cities - Urban Change BIE 2018). Las estrategias de ordenación de las piezas urbanas constituidas por los conjuntos expositivos y los equipamientos deportivos y culturales corresponden a visiones y paradigmas de la cultura urbanística internacional del momento. Y no sólo como ‘reflejo’ o traducción mecánica de los principios de cada periodo histórico, sino como avances o ‘forerunners’ de lo que viene después (Stephen Ward). Si bien es cierto que también se asiste a la proliferación de lo que Daniel Boorstin llama los ‘pesudoeventos’, creados y estructurados por los medios de comunicación frente a los eventos ‘espontáneos’, ‘festival markets’, etc. Se trata de propuestas ‘menos auténticas’ que tienen que ver con las estrategias de competición entre ciudades asociadas a la globalización (David Harvey).

Decía Alejandro de la Sota que el legado de la arquitectura moderna no es tanto el de las huellas físicas como el de las ideas, una afirmación que, con toda seguridad, es extensible más allá de los límites de la modernidad. El presente número de la revista ZARCH, que lleva por título “Las huellas de lo efímero”, pretende recoger esas huellas cristalizadas en ideas, reivindicando su capacidad para traspasar la realidad física del hecho arquitectónico o urbanístico y trascender el tiempo, trasladándonos más allá de la inmediatez de su existencia y alcanzando la inmortalidad entre generaciones venideras.

Múltiples cuestiones se prestan a la reflexión y pueden tener cabida en este número 13 de ZARCH. Todas ellas deberían favorecer un debate más amplio para entender el valor y potencial de lo efímero, así como la naturaleza de los eventos temporales y su capacidad para producir cambios relevantes y duraderos en la arquitectura y las formas urbanas de nuestras ciudades.

Javier Monclús, Enrique Jerez

 

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