CaixaForum Zaragoza

1. Carme Pinós

Me gusta que mis edificios sean expresión estructural. Incluso los diseños de muebles que elaboramos en el estudio son pura estructura, minimizan gestos siguiendo la lógica de la resistencia, la estabilidad y la sustentación.

CaixaForum, después de Cube I, es uno de mis mejores ejemplos de ello.

En el caso de CaixaForum, la primera intuición fue convertir el edifico en la puerta del parque que se ejecutará detrás de él. El programa no era excesivamente complicado: dos salas de distinto tamaño, aulas de conferencias, un restaurante y un auditorio. La idea de edificio-puerta comportó ya desde el inicio suspender las dos salas, dejando que la ciudad pasara bajo ellas para encontrarse con el parque.

No paré hasta encontrar un esquema que resolviera el programa y, al mismo tiempo, permitiera un juego formal de atractivo escultural ya que se trataba de un edificio singular con mucha perspectiva.

Con el estudio empezamos a jugar con pequeñas maquetas que nos iban dando la lógica de sustenta- ción y estabilidad.

En varios proyectos recientes habíamos resuelto la estructura con muros de hormigón y cerchas me- tálicas manifestando en fachada su triangularización. En esta ocasión no quería que fuese de esta manera. El esquema no fue difícil de encontrar: dos cuadrados solapados cuya intersección crea otro que constituye el núcleo de comunicaciones verticales y de soporte; una gran cercha en diagonal los cruza, siendo el elemento esencial del cual se genera el resto.

Queríamos que el edificio no se percibiera como algo pesado por eso cortamos en diagonal los muros de hormigón en sus partes externas para dar una sensación de levedad.

Trabajamos todo esto con pequeñas maquetas teniendo en la cabeza el empaquetamiento del programa de forma muy clara.

Recuerdo que el encargo para participar en el concurso restringido nos llegó dos días antes de que yo tuviese que estar una semana en Estados Unidos y sólo disponíamos de un mes para realizarlo. En Nueva York, sin los medios que tengo en el estudio, estuve pensando sobre los puntos antes planteados pero sin capacidad para comprobarlos. Al volver expliqué al equipo estas ideas, les di los croquis y nos pusimos a trabajar. El esquema del que partíamos estaba marcado por las dos salas, éstas eran las que nos iban a dar la medida del resto del programa. Recuerdo haber dicho: “Si este esquema no funciona, olvidémonos, no hay concurso, no tengo tiempo en las tres semanas que quedan de desarrollar otro”. Como un pequeño milagro todo encajó; una maqueta detrás de otra nos iban dando la forma final que se convirtió en el proyecto que vemos hoy ya casi construido.

Una vez tuvimos la maqueta que nos convencía y que cumplía el programa, nos quedaba aún otra prueba que pasar: saber que aquel esquema estructural que intuitivamente habíamos elaborado iba a funcionar. Faltaba la prueba de Brufau. Pero Brufau vino, sacudió la maqueta y nos dijo: “Funciona, lo vamos a poder tirar adelante”. Como siempre Brufau entendió y depuró todas nuestras intuiciones. En las restantes tres semanas fuimos desarrollando las plantas, encajando los elementos estructurales y las instalaciones y resolviendo las pequeñas complicaciones del programa, consiguiendo que todo encajara como la maquinaria de un reloj.

Otro aspecto que me preocupaba era la relación de una sala con la otra y la del usuario moviéndose por el edificio con la ciudad de fondo. No quería que el paso de una exposición a otra fuera por espacios cerrados, comprimidos, en los que el ánimo no se relaja y prepara para ver otro tema, que en la mayo- ría de los casos poco tiene que ver el ya visto. Por eso ya desde el principio las salas de exposiciones no estuvieron enfrentadas ni una sobre la otra sino decaladas, dando la posibilidad al salir de una exposición ver la ciudad por debajo de la otra sala dada la gran altura de éstas. Quería crear espacios de descompresión frente a la introspección que te pide la contemplación de arte.

Este gesto nos brinda la posibilidad de generar una terraza a la altura del restaurante en la última planta, creando un bello mirador hacia la ciudad y el río.

Esencialmente estos dos conceptos –el de un edificio puerta hacia el parque y el que la transición de una sala a otra tuviera vistas lejanas– fueron la base y son el alma del proyecto.

2. Robert Brufau

Llevo ya cuarenta años colaborando sin cesar, como consultor estructural, en proyectos de edificios poco convencionales, con programas complejos y con considerables niveles de dificultad, y, sin em- bargo, en pocas ocasiones he vivido una interacción entre arquitectura y estructura tan intensa y tan recíproca como en el caso del Museo CaixaForum de Zaragoza. Las ideas volumétricas del edificio y su integración en el entorno estuvieron en la cabeza de Carme Pinós desde el primer instante del concurso, pero, a causa de la contundencia de sus propuestas, fue necesario un contacto continuado, “codo con codo”, entre el equipo de arquitectura, el equipo de estructuras y el de instalaciones técnicas.

Desde el primer momento se optó por una propuesta que desbordara lo convencional en este tipo de intervenciones, proponiendo un volumen con una envolvente sensiblemente cúbica, que produjera una cierta sensación inicial de estar flotando en el solar. La presencia de grandes voladizos en todas las di- recciones acentuaría esta percepción. Una de las características básicas del proyecto la encontramos en la relación que se produce entre el espacio interior y el espacio exterior del edificio, ya que, a causa de la existencia de grandes espacios exteriores resguardados de la lluvia, no resulta fácil distinguir sus límites.

El solar está prácticamente ocupado en su totalidad bajo rasante, albergando un amplio programa fun- cional que se completa con la disposición de un auditorio para unas 250 personas en una de sus alas laterales, al que se accede por la planta del primer sótano, no coincidiendo su posición en planta con la edificación de la construcción museística superior. La superficie construida en estos niveles inferiores es ligeramente inferior a la superficie ocupada por las dependencias museísticas del cuerpo principal superior.

Para un usuario que acceda a CaixaForum desde el trazado viario, esta construcción subterránea no comenzará a ser perceptible hasta que haya iniciado el descenso hacia ella, bien desde el vestíbulo principal, bien desde el acceso escalonado lateral. Es sorprendente que la menor construcción en planta se produzca precisamente en el nivel de acceso, vacío de contenido expositivo y únicamente ocupado por el vestíbulo principal –emplazado en un apéndice anterior dotado de estructura propia y conceptualmente diferenciada de la del resto– y por las escaleras de acceso hacia el cuerpo alto y hacia el auditorio enterrado.

Esta minimización de la ocupación en la planta baja –que se mantiene en la planta mezzanine– condi- ciona la imagen del edificio, que va incrementando los límites de su ocupación a medida que el edificio asciende. Sin embargo, la ocupación del cuerpo museístico se concentra especialmente en los cuadrantes de las zonas sudeste y noroeste, dejando vacías las esquinas exteriores de los otros dos cuadrantes. La planta primera queda ocupada únicamente en el centro y en el cuadrante posterior, mientras que la planta segunda ya identifica la plena ocupación. En las plantas tercera y cuarta se edifica el centro y el cuadrante de la zona sudeste, desapareciendo la edificación en el de la zona noroeste.

Este crecimiento de la planta en altura debe resolverse con los mismos elementos resistentes verticales que emergen del nivel de la base de la planta de acceso, es decir, con los dos pilares apantallados que se emplazan sobre la espina principal y con los dos muros con planta en “L” que definen la concavidad de las plantas superiores. La presencia de los núcleos de la caja de escalera y el conjunto de los tres ascensores acaba de definir la estructura vertical.

En el esquema adjunto se indica el criterio de crecimiento de los cuatro elementos de carga principa- les, que son los que definen el planteamiento teórico del conjunto. El pilar ovalado de la espina princi- pal va aumentando sus dimensiones a medida que va ascendiendo, comenzando por unas dimensiones de 2,30 x 1,00m en planta baja, y acabando con 4,80 x 0,90m en el techo de la planta segunda. Este pilar tiene su vértice exterior deliberadamente afilado para que el espectador lo perciba como un ele- mento muy esbelto, y, sin embargo, se trata de un elemento particularmente importante, puesto que su función resistente es recibir la mayor parte del peso del gran voladizo anterior correspondiente con sus tres forjados soportados por las dos grandes vigas Warren que pueden verse en la sección. Es por esta razón que dispone de un alma reforzada con una potente armadura metálica embebida

Por su parte, los dos muros en “L”, que se afinan en los extremos, comienzan con unos brazos cuyas zonas exteriores vistas son de 3,20 x 1,90m en planta baja, acabando los brazos cortos con 10,60 x
1,90/0,90 en el suelo de la planta primera, y los brazos largos con 15 x 1,90/0,90m en el suelo de planta segunda. Posteriormente dejarán de inclinarse y continuarán ascendiendo con el borde libre vertical. En ambos muros se practica un recurso formal muy eficaz, al proponer su vértice exterior en toda su altura con un rehundido central para aparentar una mayor esbeltez, lo que se consigue con el encofra- do gracias a la línea de sombra que introduce el rehundido practicado.

En las fotografías se aprecia la geometría ascendente de estos muros en “L”, así como la disposición relativa en altura de los brazos largos respecto a los brazos cortos. El costado cóncavo de los dos mu- ros en “L” queda a la vista del paseante, con la única excepción de la escalera metálica de emergencia, emplazada en el cuadrante sudoeste.

El equilibrio entre los dos lados se rompe, pues el voladizo del cuerpo del cuadrante noroeste es menor que el de su opuesto, ocupando aquel también una posición más baja en altura. La organización de estos dos muros y su concreción geométrica devienen, de este modo, en el aspecto más significativo del edificio, al fundir su indudable misión estructural con su potente expresividad arquitectónica.

Los muros “en L” son huecos por su interior. Están formados por dos caras exteriores con un espesor de 30cm. Siendo la anchura del vaciado de 130cm. en la intersección de los muros y de 30cm en el extremo de los muros. Las dos caras se traban entre sí mediante conexiones dispuestas de una manera ritmada en planta, formando cada muro un conjunto con una gran rigidez, suficientemente capacitado para ofrecer una buena reacción contra las solicitaciones eólicas.

El punto más singular de la estructura del edificio de CaixaForum de Zaragoza lo encontramos, sin embargo, en los dos bloques cúbicos de exposición museística, que, estando emplazados en los cua

drantes sudeste y noroeste, se maclan en la zona central de cada planta. Sus estructuras metálicas, planteadas en ambos casos como un gran volumen en voladizo, producen una cierta inquietud en el observador, resultado de la potente imagen flotante de los cubos, por un lado, y de la aparente falta de contrapeso equilibrador, por el otro.

¿Cuál es, pues, la clave para descifrar esta singular y atrevida composición volumétrica sin recurrir a la disposición de soportes verticales en los vértices extremos de los dos grandes cubos? La explicación hay que encontrarla en las dos cerchas de cada lado (una a nivel superior y otra a nivel inferior) que, arrancando empotradas desde la arista vertical M de cada muro en “L”, definen las dos fachadas de cada volumen, trabajando aparentemente en voladizo soportando la mayor parte del cubo al que perte- necen. No es así, puesto que estas cerchas están descansando en los extremos de las vigas trianguladas VA y VB (ortogonales entre sí y apoyadas sobre el pilar ovalado) y en el extremo de la viga triangulada VD, que tiene un trazado diagonal, a 45º, cruzando toda la planta, apoyándose sobre los dos pilares centrales y uniendo entre sí, aunque a diferente altura, los dos vértices de los grandes voladizos.

Así, pues, la presencia de estas cerchas VA, VB y VD, que salen efectivamente en voladizo desde el pilar ovalado, es la clave para interpretar esta estructura. Conjuntamente con las cerchas de fachada definen el entramado básico que acaba recibiendo todas las correas interiores. La gran cercha diago- nal VD tiene, como se ve en la sección, una disposición como viga Warren con una altura que, para adaptarse a la forma definitiva del volumen, varía entre cinco metros en el extremo y nueve metros en el punto más alto. En la zona central del edificio, un forjado la corta a media altura.

Para acabar de concretar esta estructura es necesario hablar de los elementos verticales que cierran la fachada de los grandes cubos museísticos. Coincidiendo con los extremos de los principales elementos estructurales, estos montantes unen las dos estructuras (la superior con la inferior) de manera que, además de servir como soporte de la subestructura de fachada, hacen posible que los movimientos globales de los dos niveles sean compatibles.
ISSN versión impresa: 2341-0531 / ISSN versión digital: 2387-0346. Copyright © 2016 ZARCH. Todos los derechos reservados