Tower and Slab. Histories of global mass housing

FLORIAN URBAN

Tower and Slab. Histories of global mass housing
Londres: Routledge, 2012, 208 págs. Idioma: inglés

Javier Monclús Fraga
Universidad de Zaragoza
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El libro de Florian Urban analiza, de forma sistemática y bien documentada, una de las cuestiones que más se han debatido a nivel internacional y que, sin embargo, carecen de estudios comparativos de alcance global. Uno de los objetivos de este ambicioso trabajo es, en efecto, analizar las condiciones en las que se produce la imposición de un modelo urbanístico basado en “torres y bloques” (Tower and Slab). Atendiendo al subtítulo –Histories of Global Mass Housing–, se entiende que el tema se concreta en la vivienda colectiva o, también, en el alojamiento (Housing) moderno.

Lo de moderno está más bien implícito en el libro, aunque el autor parte de la constatación de que el alojamiento colectivo moderno es la propuesta arquitectónica más difundida durante el siglo XX y la forma urbana que más controversias ha generado. Por tanto, el foco principal tiene que ver con la vivienda moderna y con la difusión de algunas tipologías urbanas básicas, como son lo que denominaríamos “barrios de bloques” y, desde la posguerra, “la ciudad de las torres”. Un fenómeno en el que, según otros autores –como Peter Hall en su conocida “historia intelectual del urbanismo del siglo XX”– Le Corbusier y los arquitectos protagonistas del Movimiento Moderno habrían tenido una importante responsabilidad1.

A diferencia de esas visiones, Florian Urban interpreta los orígenes y naturaleza de las políticas de vivienda masiva desde una perspectiva amplia, social, económica y cultural, sin dejar de lado la incidencia de la cultura arquitectónica y urbanística en los diversos contextos nacionales analizados. Así, afirma que en Francia, Alemania, Reino Unido, Rusia o Estados Unidos, la política de vivienda social “pronto se convirtió en algo inseparablemente conectado con la arquitectura y el urbanismo modernos”. En ese sentido, podríamos decir que el texto que comentamos constituye una aportación, si se quiere indirecta, al debate sobre los logros y los fracasos de los espacios de la Modernidad.

Desde hace tiempo, la historiografía más afinada ha reconocido el importante papel jugado por la fascinación que los arquitectos modernos sintieron hacia los procesos de industrialización y estandarización, aunque no está tan clara la responsabilidad de la cultura arquitectónica y urbanística en la imposición del modelo. Es cierto que Gropius, Mies van der Rohe, Le Corbusier o Hilberseimer criticaban los métodos constructivos tradicionales y apostaban por la industrialización y la estandarización como fundamento de la arquitectura moderna. Y también que sus aspiraciones para crear un nuevo tipo de alojamiento para el hombre de la era industrial sigue siendo valorado como un intento grandioso, vinculado a innovadoras visiones urbanas. Pero no abundan precisamente los estudios rigurosos sobre la dependencia del pensamiento de esos arquitectos respecto de las concepciones tayloristas y fordistas, con la consiguiente obsesión por la producción en serie y la repetición. Tampoco se ha profundizado en las conocidas consecuencias que éstas tuvieron en el urbanismo funcionalista simplificador de los espacios públicos ni en la aplicación estricta a la ciudad de los criterios de la división racional del trabajo propios de la empresa industrial que propone la Carta de Atenas2.

Aunque existen numerosas aproximaciones de geógrafos, historiadores o arquitectos a la cuestión que aborda los procesos de producción de esos “barrios de bloques” y a las formas urbanas de los “conjuntos residenciales modernos”, generalmente se han centrado en un solo país o, más frecuentemente, en una sola ciudad o ámbito metropolitano. El autor, en cambio, no sólo analiza políticas y formas urbanas con perspectiva transdisciplinar, sino que lo hace con una visión comparada e internacional, acotando el campo al considerar siete ciudades diferentes, en distintas partes del globo: Chicago, París, Berlín, Brasilia, Bombay, Moscú y Shangai. La consideración del gran arco temporal que abarca desde las formulaciones de los años treinta hasta la actualidad, permite plantear hipótesis sugerentes sobre la emergencia, diversidad y globalización de unas formas urbanas especialmente controvertidas.

“Diversidad” sería la palabra clave: “desde los distritos centrales de Brasilia a los conjuntos de Chicago y desde la banlieue de París a las periferias de Moscú”. Más allá de las generalizaciones más o menos útiles sobre la rigidez y el monolitismo de esas formas urbanas, se trata de un trabajo empírico, con siete “narrativas” correspondientes a otros tantos contextos urbanos y nacionales diferentes. Lejos de resultar simplemente descriptivo, el texto aporta numerosas reflexiones sobre las condiciones en las que se produce la imposición del modelo de “torres y bloques” en esas ciudades. Cada una de esas siete “narrativas” se despliega en el correspondiente capítulo con un recorrido cronológico y temático que abarca un arco temporal amplio, aunque se centra en las décadas de la segunda mitad del siglo XX. El capítulo dedicado a Chicago resulta esclarecedor al ser estudiado en ese contexto global. Frente a las otras visiones simplificadoras, el análisis del autor permite entender el sorprendente cambio en la visión de los grandes conjuntos de vivienda social que provocó la construcción de complejos de vivienda como Robert Taylor de 1962, o el famoso episodio de la demolición en 1972 de Pruitt-Igoe en San Louis, con el consiguiente abandono del modelo pocos años después de que hubiera sido presentado como una alternativa radical a los problemas de alojamiento de la ciudad. Del mismo modo, el sistemático análisis de los grands ensembles de París (construidos entre 1955 y 1975) permite entender las variantes de ese proceso por el que se pasa de la ilusión modernizadora a la decepción y a las críticas radicales ya en los años 1960.

La perspectiva comparada permite al autor destacar las diferencias con lo que entonces ocurre en Berlín y otras ciudades alemanas. Las aportaciones son aquí también notables, al analizar conjuntamente las opciones y las realizaciones en el Oeste y en el Este durante un periodo en el que se confrontan dos sistemas políticos en la ciudad dividida por el muro. El caso de Brasilia resulta excepcional en el libro debido a su singularidad como nueva capital y exponente máximo del urbanismo moderno. No obstante, resultan de interés las equilibradas apreciaciones de Florian Urban, que enfatizan la ambivalencia de las valoraciones de otros autores. Especialmente destacable resulta la atención prestada a la relativa superación de la dicotomía que se produce entre los brillantes bloques del Plano Piloto y los anteriores asentamientos informales periféricos, en donde ahora proliferan bloques similares a los del centro de la nueva ciudad metropolitana.

Entre las otras ciudades analizadas, probablemente es el caso de Moscú el que evoca más cuestiones relativas a los éxitos y los fracasos de las propuestas de la era de la modernidad. La apuesta por la prefabricación y estandarización resulta allí incomparable con la de las ciudades occidentales. Solamente el dato de que el 70% de las viviendas en Moscú son construidas con piezas prefabricadas en 1980 es suficientemente significativo. Otros datos relativos al crecimiento de las superficies útiles disponibles en las viviendas así como a los servicios básicos no dejan dudas sobre la sustancial mejora que se produce en los años 70 (más viviendas disponían de calefacción central y agua caliente en Moscú que en Berlín occidental en esos mismos años). Sin embargo, el libro incide en que la percepción de los habitantes no deja lugar a dudas sobre la baja habitabilidad y essistemácasa confortabilidad de las viviendas para en relación a los estándares actuales, ni tampoco sobre la inhospitalidad de un entorno de baja calidad urbana y paisajística.

En cuanto a los casos de Bombay y Shangai, la principal aportación es la de poner en relación la progresiva imposición del urbanismo abierto de torres y bloques que se constata en los últimos años con la trayectoria más conocida de lo que habían sido ambas ciudades hasta ese momento. Lógicamente, contextos socioculturales y políticos tan diferentes dan lugar a paisajes urbanos difícilmente comparables. Sin embargo, uno se pregunta hasta qué punto es posible aprender de los errores y también de los logros del urbanismo occidental cuando en otros lugares proliferan las versiones más caricaturescas de los “Modern Housing Projects” como signo visible del progreso y de la promesa de un mundo urbano mejor.

A pesar de la enorme diversidad de los casos estudiados, lo que unifica las distintas narrativas resulta ser más bien la pertenencia de esas realizaciones al urbanismo moderno, de la que esos “conjuntos residenciales abiertos” serían una expresión, en correspondencia más o menos directa con los postulados de la Carta de Atenas. No la única, por cierto, ya que una visión focalizada en el urbanismo abierto moderno debería incluir también, además de las torres y los bloques, otra tipología urbana, la de las viviendas unifamiliares en hilera paralelas o Zeilenbau, precisamente la que ha dado lugar a numerosos y exitosos episodios que forman parte de la mejor cultura urbanística internacional.

En este libro, el papel del paradigma urbanístico moderno se encuentra más bien implícito en todas esas narrativas. Es comprensible que el autor no haya querido o podido abordar con más extensión las variantes de la cultura urbanística local, de cada ciudad y de los responsables de los proyectos, aunque con su trabajo se evidencia la necesidad de desarrollar otras investigaciones en esa línea. Arquitectos, estudiantes e investigadores encontrarán en el libro un estudio sistemático, riguroso y sugerente sobre el tema. Con una perspectiva semejante, algunos análisis de experiencias paralelas como, por ejemplo, los “polígonos de viviendas” en las ciudades españolas, podrían aportar otras visiones y, a su vez, verse enriquecidos a partir del excelente trabajo de Florian Urban. Como también deberían repensarse las posibilidades de innovación conceptual, además de instrumental, de cara a las necesarias actuaciones de intervención y actualización de los conjuntos habitacionales modernos.

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