Conversación con Francisco Jarauta

Pocos días antes de reunirnos para conversar con Francisco Jarauta recibimos un texto suyo, “Los tiempos de la arquitectura”, que hemos incluido en la versión digital de este segundo número de la revista. Tiene el mismo título de la lección de apertura del curso académico 2013-2014 que había impartido el pasado 26 de septiembre en el salón de actos de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza, por lo que entendimos que imaginaba nuestra conversación ya iniciada entonces.

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Ayer me emocioné, ¿sabéis? Fui al ICO, en la calle Zorrilla. Han montado T he Architect is Present . Son cinco arquitectos de todo el mundo: unos noruegos que trabajan en Birmania [Yashar Hanstad y Andreas Grøntvedt Gjertsen], una india [Anupama Kundoo], el famosísimo de Burkina Faso que vive en Berlín, y que hace escuela, el Kéré [Diébédo Francis Kéré], una alemana, Anna Heringer, un paraguayo [Solano Benítez], montando todos arquitecturas pobres. Arquitecturas para una recuperación del material. Obviamente el material es, por ejemplo, el bambú; también el barro y los distintos tipos de cocción, las articulaciones de cañas y estructuras... Han organizado cinco talleres sucesivos, uno por arquitecto, para que el arquitecto venga a pasar dos semanas. Ayer conté veintitantos estudiantes. Estaban trabajando con uno que viene de Paraguay, un tal Benítez. Estaban haciendo maquetas, y cada taller, a la entrada de la sala de ICO, allá a la izquierda, deposita y archiva las maquetas que hace. Es sumamente entretenida, es muy interesante. Hay un reportage fotográfico interesantísimo. Me emocioné. Incorporan toda su competencia a los procesos de producción, mantienen no formas étnico-tradicionales, sino la construcción de lo que podría llamarse un experimento de anti-architecture . Estas cosas le gustan mucho a Joseph Rykwert. Desde luego no es ir a Lagos, como hacen los de Alicante. La Fundación de la Banca Suiza, una fundación importante, ha prestado mucha atención a estos proyectos en diferentes campos. Tiene muchas aplicaciones a Escuelas, por eso ha adquirido tanto prestigio este arquitecto de Burkina Faso. Le escuché hace poco en Lugano hablando de los tipos de espacio público que la tradición africana había creado. Cinco cabañitas construyen una plaza, no hay que darle muchas vueltas. Y la plaza es para que una vecina pueda hablar a distancia con otra vecina. A veces las vecinas son las siete mujeres de un solo hombre, que en estos sistemas sólo sirve para trabajar el campo y para procrear. En el resto manda la primera mujer, las cosas no se discuten. Son historias de Burkina Faso. 

Ahora se inaugura la Biennale de Koolhaas, el 4 y el 5 es la preview. Ha dado al espacio del Arsenale el protagonismo de lo que podríamos llamar elementos tipológicos básicos: ventana, puerta, columna... los que podemos identificar y sus variaciones. Pero el problema es, más bien, elaborar la evolución del concepto de construcción. El siglo XX es muy abierto, no solamente porque por una parte se han producido las grandes aceleraciones dentro de lo que sería la propia historia formal de la arquitectura sino porque también se han producido otras transformaciones, una invasión del territorio de la arquitectura por las disponibilidades tecnológicas, que tienen que ver con los materiales pero, sobre todo, con las estructuras. Sería el caso de la imagen del nuevo proyecto de Foster para Londres, el más alto de Londres. Por supuesto que tendría que ser el edificio más alto de Londres, no pudo construir la R ussian , la Torre Rusia para Moscú, que era el emblema del nuevo anillo de Moscú. Pero la imagen no te da suficiente información. Esta transformación de la arquitectura, quizás en este momento, convive con otros modos de pensar. El Pritzker de este año a Shigeru Banda una perspectiva de la pequeña arquitectura, donde el material es el otr o material. Es un debate que se está generando y que la crisis lo está favoreciendo.

En el texto que nos enviaste, “Los tiempos de la arquitectura”, abogas por la necesidad de repensar el mundo, dado que los problemas han pasado a ser otros, que su complejidad es notablemente mayor, que necesitamos una idea nueva, una nueva exigencia. Una de las cuestiones que nos planteamos con este binomio del título de la revista era pensar cuánto pueden tener de antagónicos. También te referías a la arquitectura como el mejor laboratorio posible para encarar este inaplazable desafío.

Lo determinante es que se haya generado un espacio próximo a este repensar al que os referís. Hay un elemento que obliga a repensar, no solamente el hecho de la arquitectura, también otros hechos relacionados con la experiencia de lo social inscrita en una nueva complejidad. Seamos serios: hay un input decisivo, literalmente demográfico, y sin embargo la demografía nunca ha sido considerada como una ciencia social, olvidando aquel elogio inmenso que hace Marx de Malthus: todo cambia cuando se modifican los parámetros demográficos. Y no solamente por aquel capítulo aplicado de la ley de la demanda, sino porque el hecho social, y en su declinación el hecho urbano, ha adquirido unas dimensiones inéditas en la historia anterior. El hecho más importante del siglo XX es que la población del mundo ha pasado de 1.300 millones de habitantes en 1900, a los 7.300 millones que hoy somos. Miles de años de historia humana para llegar a 1.300, la población que hoy ya tiene China o India. Todo lo que nosotros hemos construido como teoría de la ciudad se apoyó en una determinada concepción de su historia, y esta historia de la ciudad era, por definición, occidental. Los historiadores de la ciudad hemos sido nosotros. La hemos construido sobre un territorio empíricamente probado que es la historia de nuestras ciudades. Convendría leer todavía algunos maravillosos textos sobre la ciudad medieval, o sobre los grandes sultanatos... En el siglo XI sólo había dos grandes ciudades en el mundo, las dos capitales: la del califato abbasida , Bagdag, la gran ciudad de l mundo, y la del otro califato, el omeya, que es Córdoba, aparecida de forma milagrosa. No había entonces ni romas, ni estambules, ni parises, ni nada. Sólo dos ciudades que se miran entre sí, y que configuran un auténtico laboratorio cultural, donde se desarrollan las ciencias, las artes, las medicinas, saberes varios... y las prácticas políticas. Es obviamente en este momento, al cambiar la demografía el mapa, cuando el nerviosismo de las respuestas que ha regido durante estos quince años fundamentalmente las ciencias sociales nos está modificando la mirada, de manera que ahora focalizamos nuevos problemas, nuevas situaciones, de una estructura social emergente, que se mueve emergente y además, cómo deciros, fragmentada. Ya no tenemos un hilo global, una cúpula famosa que unifique... He leído recientemente ese texto de Eugenio d’Ors, Cúpula y monarquía . Me ha producido una angustia delirante. ¡Pero qué atrevimiento! Acaba de escribir sobre Palladio, e inmediatamente después escribe sobre “cúpula y monarquía”. Él bien sabe de qué va la cosa: en una sociedad tremenda como aquella sociedad barroca, el rey, la mona r qu í a , era la última garantía, la cúpula que daba unidad a todo ese mundo. La gran belleza de L a vida es sueño se produc e cuando el rey, Basilio, convoca a su corte de Polonia, la noble corte de Polonia, para presentar su abdicación. Yo no quiero ser más rey, quiero ser hombre barroco, dedicado a las más altas matemáticas, el hombre de la ficción, el hombre de los mundos posibles de Leibnitz, yo no quiero ser administrador. Que lo ponga en la corte de Polonia tenía más gracia que ponerlo en el Alcázar madrileño, Felipe IV no estaba para estas historias, estaba construyendo otros tejidos: poner a su hija como esposa del Emperador, o poner a la otra hija como esposa de Luis XIV. Eran otros entendements.

Estos cambios son muy evidentes en ciudades como Praga. La mitad de la población vive en una ciudad barroca fascinante, pero hay una segunda Praga, donde vive la otra mitad, en la que no hubo mercado del suelo, repleta de barrios de bloques y torres. Resulta difícil dirimir la responsabilidad del proyecto moderno. Por un lado, recordemos el arrepentimiento, por ejemplo, de Hilberseimer reconociendo los excesos de la radicalidad, o la exagerada culpa que arroja Hall sobre los corbusierianos, frente a su “nosotros gustamos del aire puro y del sol araudales”, frente a la comprensión en definitiva de que el mundo había cambiado.

Acaba de morir Le Goff, Jacques Le Goff, no hace dos meses. Tuve la gran fortuna de pasar toda una semana con él en Fontevraud. Fontevraud es una gran abadía francesa, muy próxima a Nantes, donde desemboca el Loire. Es una gran a badía intervenida por la revolución, llegó a ser cárcel, y ahora se ha recuperado. Allí está enterrado Ricardo Corazón de León. Es muy chocante ver los fines de semana gente atravesando los claustros con capas blancas y cruces rojas. ¿Serán estos los auténticos fantasmas de la Fontevraud? Qué va, son nostálgicos británicos que llegan a velar, hoy todavía, la tumba de Ricardo Corazón de León. Tuve la suerte de estar allí con Le Goff, viéndoles. Su último libro, un libro maravilloso, ¿hay que contar la historia en pedazos? [ F aut-il vraiment découper l’histoire en tranches? , Seuil, 2014], sostiene la tesis de que la Edad Media, el Medioevo, duró hasta 1680. ¡Olímpico! Te demuestra que nadie utilizó la palabra renacimiento como la utilizamos nosotros hasta que en 1860 aparece el libro de Burkhardt [La civiltà del Rinascimento in Italia] , y pone de moda el término en un mundo ecléctico, sin ideas, traicionando toda una gran tradición que llega a Viollet-le-Duc, cuando restaura Carcassone, donde la verdadera matriz fue el Medioevo y no el Renacimiento. En Praga, por ejemplo, lo que te choca es cómo se pasa, lo habréis observado, de la Malá Strana, de la ciudad gótica, civil, a la ciudad barroca sin ese transfer de un Renacimiento sereno. En la misma cultura alemana, en muchas ciudades alemanas, Bamberg por ejemplo, sales de un cloister medieval, un siglo anterior al gótico de Praga, y te encuentras con un palacio arzobispal profundamente rococó. ¿Qué ha pasado?, aquí falta algo. Éste es un tema que está volviendo a la agenda de una forma interesantísima. La forma de pensar, no que se dejaran de hacer arquitecturas góticas sino la mentalidad, la forma de ver el mundo, se mantuvo hasta 1680.

El Movimiento Moderno, ¿ha terminado o no ha terminado? Su tensión utópica se podría mantener. En cada momento hay que soñar el futuro, hay que pensarlo. Probablemente nosotros, ahora, no pensaríamos ese futuro en términos de una gran construcción racionalista. A lo mejor podríamos pensarlo de otra manera. La pregunta es: ¿de qué manera? Ésta es la pregunta. Y la respuesta no la tenemos ninguno de nosotros... es un ejercicio intelectual, es un trabajo crítico, hay que volver a dimensionar, hay que redimensionar ese trabajo crítico. Y obviamente es el alma, por decirlo así, de nuestro propio trabajo.

Hoy existe un profundo cambio en toda la configuración de la reflexión social: los aspectos micro, los aspectos de nuevas geografías territoriales... La arquitectura soporta, iba a deciros como nunca ha soportado, una agenda de problemas independientes, pero que condicionan, porque han condicionado siempre, su trabajo: se trata de hacer y construir el hábitat humano, construir la casa del hombre. Cuando vuelves a leer a los clásicos del Movimiento Moderno, cuando lees a Mies en el año 31, cuando lees al propio Le Corbusier en los textos de los años treinta, al empezar a construir para la Olimpiada de Berlín la residencia de los atletas, encuentras una parte que sigue siendo admirable, ejemplar: la tensión ético-utópica del Movimiento Moderno, que ha percibido inteligentemente que la sociedad industrial se ha transformado pero que se avecinan transformaciones aún más profundas, y que son irreversibles. Nosotros no tenemos los modelos de lo que va a ser el nuevo tipo de sociedad. No los tenemos porque no nos sirven los que tenemos, porque sí que existen. El desarrollo de Londres por ejemplo, el desarrollo del banlieu parisino en los años cincuenta y sesenta. ¿Cómo se replantea e l desarrollo de las grandes ciudades del mundo? Por qué todas las ciudades del siglo XX trazan su desarrollo, su anillo, dice Zorzi, con qué conceptos. El Movimiento Moderno nació con ese optimismo sabiendo, como dice Mies en el 31 o en el 29, la casa del hombre todavía no existe, pero –esta adversativa tiene una fuerza tremenda– las condiciones de la época la harán necesaria. No se trata de pensar en los términos del movimiento Moderno la casa como si fuese la casa, sino las formas del habitar moderno. ¿Cómo se habita moderno? Cuando en la conferencia de Heidegger en Darmstadt, en esas conversaciones de Darmstadt, derrotada Alemania, se reúnen todos los intelectuales de todas las composiciones, el problema es habitar. Pero para poder llegar a este habitar tenemos que pasar por este construir, pero el construir no se puede abordar, hay que pensar. Ese teorema del pensar, construir, habitar, del Denken , Bauen , Wohnen , generaba toda una dialéctica en el proceso que no era la anterior, la de los tipos clásicos que decían se construye así, o se hace así . Se trata de construir qué significa el habitar moderno. Ellos habían partido de una intuición fantástica: la verdadera revolución consiste en pasar de sociedades que vamos a llamar tradicionales, dominadas por relaciones reales, que son siempre horizontales, a un modelo de sociedad que es la nuestra, no tradicional sino moderna, que se caracteriza por relaciones no reales sino abstractas. Nosotros vivimos Madrid, yo sé cómo os llamáis, sé cómo nos llamamos todos, pero no sé nada de los que están pasando por ahí, detrás de la ventana. Si yo viviera en una sociedad tradicional debería conocer el nombre de todos. Esa abstracción obliga y permite esa edificación vertical, la ciudad americana que diría Tafuri, donde el verdadero gesto no es solo el arquitectónico, es la institucionalización de la nomia del sujeto anómico. Se reinscribe en una nueva condición, la de ser citoyen , la de ser ciudadano, pero renuncia a eso que se llamaría el bucle de la individualidad, que pasa a ser privado. La relación entre espacio privado y espacio público se modifica. En esta dialéctica nueva, obviamente se produce la transformación de las estructuras del urbanismo clásico, y la ciudad pulula, crece, emerge y transforma cuanto acontece en la segunda fase de la revolución industrial. De manera que lo que hoy acontece es totalmente nuevo, hoy las ciudades tienen una complejidad infinitamente mayor. Es esta emergencia la que los franceses y los que llamaremos geógrafos de nuevo cuño están explicando. Eliminado el aspecto físico, la ciudad se liquida en términos de Bauman, la ciudad digital aparece flotando en ese liquid. Toda esa geografía nueva hace que la ciudad s e convierta en fragmentados sucesivos, pero articulados. Nuestro mapa es un mapa articulado.

Colin Rowe habla de microutopías. ¿Por qué no pensar que en cualquier proyecto, por pequeño que sea, cabe imaginar la mejor de las posibilidades? Quizás la exposición de la Fundación ICO lo esté planteando así: a pesar de la dificultad que plantea esa dimensión para imaginar el mundo, cabe proyectar sin renunciar a esa posibilidad utópica.

Quizás la reflexión más contemporánea pueda ser sobre el ingrediente utópico. Siempre se dice, y ha habido algunos que han hecho hasta abuso de esta idea, que lo mejor de las utopías era que nunca se hubieran realizado. Aunque la literatura utópica no tenga un canon, un modelo, un género, podemos constatar burbujeos, emergencias, estallidos incluso... son voces, son gestos, son conceptos. Pero tejidos sobre un tapiz, un cañamazo singular, que es que cada época sueña su futuro. Esto lo decía Benjamin reproduciendo el texto de un moralista francés. ¿Qué hacemos cuando imaginamos el futuro? Lo dibujamos, hacemos el dibujo mínimo. La estructura del primer libro Utopia es todo un gran texto de crítica a cómo está organizada la Inglaterra de Enrique VIII. Y el segundo texto dice ‘Yo os voy a hacer una propuesta de otro tipo de sociedad’, y More se inventa un personaje, Rafael Hythloday, al que preguntan ‘¿Cómo se llama usted?’ ‘Yo me llamo Rafael’. ‘¿De dónde viene usted?’. ‘Yo vengo de la isla Utopia’. ‘¿Cómo?’. Hasta ahora nadie había venido de un lugar utópico, y por lo tanto el discurso sobre lo utópico era fantasioso. Por primera vez, aparece un tipo que dice que viene de Utopia. ‘Hable usted, cuente...’. Capítulo dos: el relato. El concepto de utopía que trae More nada tiene que ver con el que lo relacionaba con el paraíso, con las islas afortunadas, con las arcadias... Dice: ‘En la isla de Utopia no hay propiedad privada’. ‘¿Cómo? ¿No hay propiedad privada?’. ‘Se trabaja muchísimo’. ‘¿Se trabaja?’. Todo el modelo clásico, antiguo del paraíso, entra en shock completo. ‘Los hijos no son propiedad de la familia, de los padres, son de la comunidad’. ‘¿Cómo?’. Un choque terrible, terrible, con las ideas canónicas. A mí lo que me gusta es que en cada época la prueba de la verdad de la utopía no sea su construcción sino su experimento. Y cada vez, en lugar de llegar a la conclusión que podía decir ‘Et voilà, ésta es la forma de lo utópico’, es la tensión, y por eso subrayo el término de tensión, de tensión utópica, porque naufraga permanentemente, se reinventa permanentemente, se vuelve a plantear, se vuelve a escribir, se vuelve a hacer. El problema es que necesitamos tener una tensión hacia ese futuro. Dedicamos mucho tiempo para adaptarnos al presente, y los que tenemos cierta edad con gran fatiga, y cuando llega el momento de preocuparnos por el futuro ya estamos fatigados, cansados incluso. Llegamos tarde, pero debe haber el dispositivo de la mirada, debe existir siempre esa tensión. El ejemplo más pertinente: por una parte lo que sería toda la leyenda del Movimiento Moderno y por otra sus detractores. Las dos partes podrían articularse correctamente. Nadie puede discutir ese entusiasmo, pero es cierto también que todos los dibujos del Movimiento Moderno eran todos solamente hipotéticos. Me gusta mucho ese texto de Musil, de Robert Musil, del año 19, terminada la Gran Guerra, cuando dice ‘En este momento, lo más importante es la construcción de un nuevo pensamiento hipotético’. ¿Qué escribe Newton para su exerga ? ‘Hypotheses non fingo , dice Newton, señor de sus haberes. ¿Qué diría Musil? ‘Hypotheses fingo . Y es por eso que el trabajo ensayístico es el trabajo más importante de todos. Es un trabajo fundamental en este momento. Es generar una especie de dimensión sobre la construcción de los nuevos mundos. Es muy importante que nosotros, que tenemos, yo me sumo al equipo, responsabilidades de formación, generemos que el estudiante de arquitectura, o de filosofía, o de historia del arte, o de la historia de la literatura, vea que todo el experimento del saber en sus dimensiones más rigurosas o más ensayísticas es parte de un mismo proyecto que es construir una mirada sobre ese futuro en sus verdaderas tensiones. Quizás consista en descubrir la prioridad que deberíamos dar al elemento utópico, pero no entendiéndolo en términos grandilocuentes, sino de tensión en esa mirada al futuro y sus nuevas complejidades. ¿Qué puede aportar la arquitectura en ese discurso? ¿Cuáles son sus problemas, de los que han sido tradicionalmente sus problemas, los problemas de la arquitectura, y cómo se interpretan hoy, y cómo interrogan a la memoria que la propia disciplina tiene? Los arquitectos provenís de un largo viaje de saberes y de prácticas, de experiencias, de momentos felices, de cánones establecidos, de ese maravilloso mundo albertiano que ocupó al seminario de la città ideale [Dalla ‘Città ideale’ alla ‘Torre di Babele’, Facoltà di Scienze della Comunicazione, Università della Svizzera Italiana, semestre de primavera de 2014]. Volvamos a ese momento, ¿cómo surge ese momento? La misma extrapolación podemos hacer a momentos del siglo XX, a la transición del XIX , a ese mundo tan ecléctico vienés. ¿Cómo se viaja en esa dirección, cómo el siglo XX instrumentó con entusiasmo sus sueños? Los dibujó: esos dibujos al carboncillo de Mies sobre la Friedrichstrasse, esa ciudad vertical que incluso toca el límite del papel, que sube y sube y sube... ¿Quién es el sujeto que vivirá en esa ciudad, ese nuevo sujeto moderno que vive en Chicago, que vive en New York, que vive en la torre habitacional de Foster para Londres? Es el sujeto quien se transforma, quien transforma su performance a ntr opológica, su forma de estar en el mundo, de pensar. Debemos asumir otras responsabilidades, pensar la construcción de la ciudad, como esos chicos de la Fundación ICO. Pero al mismo tiempo, estáis sometidos a una inmensa presión, a ese in-put derivado de las grandes transformaciones del mundo contemporáneo, transformaciones que tienen su propio tempo, que evolucionan de una determinada manera, que se articulan en los nuevos dispositivos tecnológicos. Es muy importante, a todos los niveles, a mi juicio.

Posiblemente debamos partir de un presupuesto político, y es que hay problemas que no podemos negociar. Hay escalas, hay densidades, que son innegociables por una sola razón: porque están ahí, porque hay un elemento extrínseco a nuestras buenas intenciones que opera permanentemente y va transformando el tejido de lo social en unas dimensiones inéditas, y que puede resolverse de una forma profundamente aleatoria, casi hasta el límite de resultar caótica. Pongamos el ejemplo del crecimiento de la periferia de Lagos, probablemente la ciudad más compleja del planeta, o con un ordenamiento urbanístico como han surgido las ciudades del sureste de China, con el que se ha querido crear un modelo de crecimiento pautado sobre un teorema urbanístico funcionalista o posfuncionalista, que dice que esto, para que funcione, tiene que ser así: alturas de tal tipo, tal población, funcionamiento desde transportes hasta interrelaciones urbanas, servicios...¿Qué pasa con el individuo que vive allí? Este es un asunto que para nosotros no va a ser prioritario porque hay instrumentos sociales que adaptan al individuo a su hábitat.

Aunque tengamos los previsibles contrastes, no sé si debemos hablar de desfases al cuestionar la vigencia de nuestras teorías urbanísticas. ¿Cómo puede entenderse que todavía estemos pensando el futuro aplicando la Carta de Atenas en las ciudades chinas, de manera masiva, con pequeñas variantes?

Quizás un elemento que deberíamos considerar, pues tiene una importancia indiscutible, es que todo lo que hoy acontece lo hace en un eje de profunda aceleración. Los tiempos largos, que fueron nuestra medida para entender la historia, hoy se han hecho tiempos cortos, y sobre todo acelerados. Esto afecta a la política, afecta a la economía, los largos plazos no tienen ya relevancia. Las instituciones internacionales viven prácticamente de la emergencia de los acontecimientos. Son todo situaciones nuevas, dejando en evidencia la no disponibilidad de instrumentos ni de lectura ni de intervención. Échate a la agenda todo lo que pueda acontecer en torno a lo que hoy se llama Ucrania y sus derivadas. Échate esa reivindicación rusa de afirmación estratégica. ¿Cómo se va a resolver? La mediación, un instrumento que era clásico, como era la OTAN, ya no sirve para nada. Europa, que era un interlocutor tradicional, ya no es ni el correo del emperador, porque ni siquiera el emperador sabe qué hacer en este caso. Mientras tanto, la diplomacia china, los terceros en discordia, que no lo está tanto, permanece atenta, aunque el eje Pekín-Moscú se ha reforzado. No sabemos cómo hacerlo, porque todo es infinitamente más rápido, infinitamente más acelerado. Lo decía Virilio, de forma elegante además, como él hace siempre: uno de los aspectos más importantes del mundo actual es haber domiciliado la vitesse , la velocidad, como norma cultural. Todo lo que acontece, acontece rápidamente. Si suspendiéramos ese tac de vitesse , nos caeríamos, estamos sometidos a ella. Obviamente todo lo que suponga la recuperación de lo slow es pedagógico, como es pedagógica la utopía rural en cierto sentido. Pero es una reacción, entendedlo como una reacción, una resistencia. Hoy tienen una fuerza mayor, porque en el fondo tiene mucho intelectual americano, inteligente, que se da cuenta de que a lo mejor, si nos ponemos a pensar el futuro, sea más interesante decidir qué tipo de civilización queremos, que no es exactamente la pautada por los modelos de las sociedades posindustriales. A fin de cuentas, se imponen como horizonte único, casi necesario, de nuestro futuro. Y uno de los problemas que planteaban los movimientos radicales de los slows está planteando un argumento que a lo mejor es la incubadora de otra idea, que ya aparece a mediados del siglo XIX, y a la que incluso Marx presta atención. ¿Cuál es la base sobre la que se construye el modelo de la idea de progreso de las sociedades industriales? Es haber generado un sistema de necesidades cada vez más complejo. Esto antropológicamente es importante. Se trata de organizar toda la vida como un sistema capaz de dar respuesta a nuestras necesidades. Si se llega a producir esta respuesta, se da esto que llamamos satisfaction, hapiness, bonheur, la felicidad. Pero qué fatiga tienes que acumular para poder llegar a responder a tu diabólico sistema de necesidades... Le he dedicado prácticamente mi vida, no os voy a decir que no, puesto que lo tengo como tema central en mi agenda ética. Pero llega uno fatigado al final... Es el performance más institucionalizado de todos, el trabajo como respuesta a nuestro sistema de necesidades, que está computerizado: esto vale tanto, esto cuesta tanto... Una reflexión sobre el sistema de necesidades bombardea toda la cultura del consumo. Y obviamente hiere lo que podría ser la argumentación de fondo de todo el concepto de progreso que se tiene. Es un tema sobre el que hablaremos mucho en el futuro si somos radicales, ocupará las agendas de nuestras lecturas y preocupaciones. En el fondo, la cultura también, en cierto sentido, controla sus propios mecanismos de supervivencia. Incluso de forma perversa, hace que nos adaptemos a la situación ante mecanismos de sublimación bien pertrechados, que funcionan, y que te hacen decir al final ‘me compensa’. ¿Qué quiere decir que te compensa? Ésta es una cuestión más problemática. En El malestar de la cultura , Freud, año 27, lees al final que cuando una civilización deja insatisfecha a la mayor parte de sus miembros no tiene legitimidad para sobrevivir. Tener derecho, tener legitimidad, son términos muy de Kafka. Tiene-no tiene legitimidad para sobrevivir. ¿Cómo se da esa satisfaction ? Es el modelo que se construye socialmente, por eso surge lo slow .

En este sentido, por ejemplo, resulta sintomático que en Berlín la mitad de los jóvenes no tenga carnet de conducir, no considere necesario un automóvil. La mitad son muchos jóvenes, no los alternativos más o menos marginados, en un país donde la industria automovilística es tan importante, el más industrializado de Europa.

Convendría que prestáramos más atención a los jóvenes, a su nueva sensibilidad, a su nueva forma de pensar, a su nuevo modo de situarse cuando han saltado por encima teoremas fundamentales, como puede ser, y perdonad porque nos atañe de forma muy directa, el tema de la profesión. Son víctimas directas de un final de época. Antes obtenían un diploma, pasaban por la Universidad con su mayor competencia, y al final se les concedía el derecho a un trabajo. Esto ya nos automático. El transfer n o se produce de manera inmediata, sino que comienza el laberinto de las búsquedas. Determinadas ideas sólo podrán ser reales de forma global cuando los sujetos que las defiendan ocupen un espacio social relevante. Y esta generación está llamada a ser el laboratorio de esas nuevas formas de vida, de esos nuevos life styles, de esos nuevos estilos de vida. A mi juicio es muy importante tenerlo en cuenta.

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