Jaulas y trampas. Escritos sobre arquitectura y arte 2000-2012

MARÍA TERESESA MUÑOZ

Escritos sobre arquitectura y arte 2000-2012

Madrid: Lampreave, 2013, 234 págs.

Idioma: castellano

josé joaquín parra bañón

Universidad de Sevilla Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
 

Nomenclatura de la habitación

En la senda de su trayectoria editorial y acorde con su esfuerzo por publicar libros siempre necesarios Lampreave (que no casualmente sólo se identifica con extrema discreción y con minúsculas en la contraportada) alumbró a finales de 2013 Jaulas y trampas. Escritosso bre arquitectura y arte 2000-2012, de María Teresa Muñoz.

Con este libro recopilatorio de dieciocho milímetros de grueso y veintiún centímetros de alto, compuesto, según se indica en la última página impresa, con la tipografía grotesca sin serifas denominada Legancy Sans, comienza la colección CompoSite. Jaulas y trampascontiene tras una pertinente “Introducción” y previos al “Índice onomástico” quince ensayos que suman doscientas páginas de texto, con las ilustraciones en blancos, grises y negros siempre recluidas a la izquierda, en las pares.

En la portada, a eje y en la mitad inferior, un dibujo de Saul Steinberg de 1951: la imagen sin entorno de una caja cúbica de cartón (In a box: que con tres de sus solapas desplegadas muestra fragmentos de una figura descompuesta entre interior y exterior). Un fragmento, un componente del lúcido trabajo de formulación de una misma teoría sobre la arquitectura, es cada uno de los capítulos de esta antología de artículos (cuatro de ellos hasta ahora inéditos), todos con títulos soberbios y sugerentemente imprecisos: “Jaulas” seguido de “Jaulas y espejos. Louise Bourgeois”, “Cuerpos enjaulados” y “Las jaulas son siempre imaginarias” a continuación, son algunas de sus denominaciones, todos ellos investigaciones, reflexiones, escritos que persiguen definir algunos términos a los que la arquitectura aún no les había atribuido un significado oportuno, conceptos que la arquitectura aún no se había apropiado.

Definir para la arquitectura la palabra «jaula» o la palabra «trampa» (“Tres trampas. Deleuze, Oteiza, Steinberg”; “Redes trampa”) no siempre citándolas, preguntándose por “Las praderas de Fredensborg” y por “La figura plana de un sembrador” (por unas viviendas serpenteantes de Jørn Utzon o por una composición de Theo van Doesburg) o por cómo se va de un lado a otro, por cómo se transita de un interior a otro interior en “Pasar de una a otra habitación”. Es hacia la nomenclatura del sustantivo habitación hacia la que, en definitiva, se encaminan los verbos elocuentes de esta experimentada profesora titular de Proyectos de la ETSA de Madrid, autora de libros recientes como La mirada del otro (2010) y coautora con Juan Daniel Fullaondo de textos de crítica e historiografía fundamentales, cual es su Historia de la arquitectura contemporáneae spañola (1994-97).

El indisciplinado pensamiento arquitectónico de María Teresa Muñoz arriba a menudo a la arquitectura eludiendo la arquitectura: la arquitectura académica y convencional. Parte docentemente de lugares más o menos lejanos: si la primera ilustración del libro es la maqueta de la Mais on Citröhan de Le Corbusier, expuesta en 1922 en el Salón de Otoño de París, la segunda es una fotografía del Monumento a Jeremy Bentham que puede verse en el University College de Londres: un armario ropero, un recinto de madera, una habitación angosta ocupada por un hombre sentado que apenas cabe en ese interior prismático, una figura que lleva sombrero y demora sus manos sobre los muslos, que sujeta un bastón entre las piernas y que entre los pies, en contraste con sus calcetines albinos, ampara una cabeza decapitada que mira con espanto a quien se atreve a mirarla. El cadáver embalsamado de Jeremy Bentham reposa por decisión propia en el rellano de una escalera pública sentado en la silla que él eligió: también eligió los ojos de cristal que debían de ponerle en las órbitas hueras a su propia cabeza, que exigió que fuera momificada según un procedimiento maorí pensando equivocadamente que así se preservaría su rostro para la eternidad: cuando la carne se corrompió la sustituyeron por la máscara de cera que hoy puede verse en su lugar y colocaron provisionalmente la testuz original, como hizo Herodías con la del Bautista, como si fuera una reliquia, sobre una bandeja abandonada en el suelo.

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