La utilidad de lo inútil. Manifiesto Con un ensayo de Abraham Flexner

NUCCIO ORDINE

La utilidad de lo inútil. Manifiesto Con un ensayo de Abraham Flexner

 

Barcelona: Acantilado, Barcelona, 2013, 176 págs.

Idioma: castellano

 

Miguel  Guerra

Universidad de Zaragoza

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Puede abrirse La utilidad de lo inútil por cualquiera de sus páginas y se encontrará seguramente una anécdota, una cita, una observación que justifique la necesidad de divulgar este libro. Pero quizás una de las más reveladoras sea el relato en el que Nuccio Ordine explica, a través de una reflexión de Cioran, los sucesos previos a la muerte de Sócrates. Se dice que el filósofo, mientras le preparaban la cicuta para cumplir su condena, se esmeraba en el estudio de  una  melodía con su flauta. Cuando se le  preguntó  por qué se dedicaba a tal actividad en la antesala de la muerte, respondió simplemente que quería conocer la melodía antes de morir, sentir el placer de conocerla. El amor por el conocimiento y la curiosidad adquieren su verdadera dimensión y valor  al  proyectarse en esta imagen en el umbral de la muerte, y el simple deseo de saber le parece a Cioran la única justificación seria de la voluntad de conocimiento. 

El libro es un compendio de anécdotas, citas y reflexiones muy bien ordenadas por el autor en torno a la paradójica utilidad de los saberes inútiles, que transmite la necesidad de su cultivo. Se trata de una lectura que dignifica los esfuerzos inútiles  dedicados  a  satisfacer la curiosidad, los esfuerzos del diletante, el filósofo, o el científico que solo busca averiguar cómo funciona el universo y no desea una aplicación inmediata de sus investigaciones. Desvela la importancia que para la humanidad tiene la inutilidad mediante apreciaciones de distintos autores, como la de Kakuzo Okakura, que explicaba que el placer del hombre cogiendo una flor para regalarla a su amada señala el momento preciso en que la especie humana se elevó por encima de los animales. 

El texto se estructura en tres partes. La primera versa sobre la útil inutilidad de la literatura y transmite las valoraciones que numerosos autores –desde Dante o Petrarca a Italo Calvino o David Foster Wallace– hacen del valor de la inutilidad, de la necesidad de leer a los clásicos con desprendimiento, sin buscar un beneficio o un aprendizaje, pero reconociendo su aportación, y con la  conciencia  de  que las humanidades a menudo brindan un conocimiento profundo de las realidades más obvias, que frecuentemente se revelan como las más difíciles de ver y explicar. La segunda parte trata de la universidad-empresa y de los estudiantes-clientes, y explica cómo la ciencia y las universidades deberían replantear el discurso que las dirige irremisiblemente a la mera producción de beneficios y a la paulatina desaparición  programada   de   los   clásicos y de los estudios ‘inútiles’ en los currículos académicos. Por último, una tercera parte, más breve, nos habla del altruismo y del gozo que el conocimiento produce, y de la necesaria consciencia de infinitud que genera la senda de la sabiduría. A pesar de que Nuccio Ordine es profesor de literatura, sabe integrar en su visión la investigación científica, no solo a lo largo del texto sino añadiendo al final del libro y a modo de apéndice un ensayo de Abraham Flexner, famoso pedagogo estadounidense y uno  de los encargados de la creación del Institute for Advanced Study de Princeton, en el que se desgranan varias investigaciones científicas, cuyo objetivo era en un inicio satisfacer la curiosidad y ahondar en la comprensión del mundo y que han acabado dando lugar a sorprendentes avances en campos como la medicina o las telecomunicaciones. 

La utilidad de lo inútil es una lectura recomendable y accesible para todo tipo de público, pero debería ser una lectura obligada para todo aquel que tenga algún tipo de responsabilidad en materia de educación. Empezando   por   los   más   altos   cargos que opinan que las enseñanzas artísticas entorpecen el desarrollo del estudiante, o que barajan prescindir de titulaciones como filosofía o filología clásica, y que recortan al mínimo la inversión en investigación científica sin aplicación inmediata. Siguiendo por los profesores, cuya misión debería ser promover la duda y la curiosidad y no solo buscar resultados o proyectos brillantes, recordando que la semilla de la duda no es necesariamente de germinación rápida. Por otra parte, cualquiera que se considere estudiante o aprendiz encontrará en esta  obra  un  oasis de tranquilidad en el que pararse a pensar y remover las consideraciones y reflexiones sobre los objetivos que uno tiene al estudiar e investigar. 

Quien se  adentre  en  las páginas  de  Ordine encontrará un manifiesto  por  el  desinterés, el amor y la pasión por el conocimiento, que promueven una apertura que hace al ser humano poroso y permite que el  encuentro con un clásico, la visita de un edificio o el conocimiento de una pieza musical puedan cambiarle verdaderamente la vida. Este libro nos recuerda que el conocimiento es siempre “una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse,” y que  lo  importante  no  es el imposible alcance de la sabiduría, sino la actitud y la tensión en la eterna aproximación a la misma. Se puede imaginar una revolución silenciosa en la que los estudiantes se sumerjan en el estudio de un proyecto sin la intención de aprobar un examen o producir un trabajo de investigación, o que estudien un detalle constructivo sin ninguna voluntad de utilizarlo en su próximo proyecto, sino simplemente, como decía Sócrates al estudiar la canción: “Para saberlo antes de morir.”

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